El síndrome de la mujer estresada

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Hace apenas dos siglos que las mujeres hemos ido consiguiendo entrar en el mercado laboral (agh! como odio esa expresión). Esa es la parte buena, podemos trabajar y desarrollarnos en el ámbito laboral que hayamos elegido o, más bien como está la cosa, en el que encontremos trabajo. Pero este acceso al mundo laboral exterior (no doméstico) no nos ha librado del mundo laboral interior (doméstico). ¡Sorpresa! Bienvenida al mundo de la mujer estresada.

Las tareas de cuidado, organización doméstica, organización nutricional y organización emocional, siguen estando mayoritariamente en nuestra espalda. ¿Qué significa esto? Que ahora tenemos más trabajo y menos descanso. Estamos multiempleadas. Ahora trabajamos día y noche, fines de semana incluidos. Y el trabajo nunca termina. Siempre queda algo pendiente.

Además queremos estar a la altura y hacerlo bien en todos los frentes. Un desgaste continuo y total. No llegas a todo, estás cansada pero estresada, de café hasta las orejas. Te sientes culpable por gritar a tus hijos o a tu pareja, por no tener paciencia, por no tener más energía, por no ser más fuerte, por no tener un clon. Las consecuencias terminan siendo devastadoras a nivel físico, emocional y psíquico. ¿Y tú? ¿Y tu vida? La tuya, no tu vida familiar o de pareja.

¿Dónde estás tú?

A pesar de todo siempre intentas tener la sonrisa puesta y aparentar que está todo bien, que puedes con todo. Aparentar que es la vida normal de nuestro tiempo. ¿Por qué? Porque estamos programadas social y culturalmente para ello. Es lo que se espera de nosotras y lo que nosotras esperamos de nosotras. Los demás primero. Cuida de los demás y eso te hará sentir bien. ¿Y quién cuida de ti?

Por si fuera poco, el mensaje que nos llega por todas partes es que no somos suficientemente X. Y donde pongo la X puedes poner: buenas, guapas, altas, delgadas, jóvenes, atléticas, cool, chic, fit, amables, simpáticas, complacientes, buenas-madres, fértiles, amantes, sexys (pero decentes), interesantes (pero no demasiado), etc. La lista es larga, interminable. Tú la conoces bien.

Entonces iniciamos una carrera desesperada y sin fin por demostrar que sí lo somos (aunque sepamos que es físicamente imposible). Para sentirnos aceptadas. Para sentirnos queridas. Para sentir que estamos a la altura, que somos suficiente. Para que no nos rechacen, para que nadie descubra que no somos perfectas. Cuando lo único que buscamos desesperadamente es aceptación y amor.

En esa frenética carrera a ninguna parte es donde las mujeres nos perdemos a nosotras mismas. Donde perdemos la conexión con nuestro cuerpo y nuestras necesidades. Es en ese estado cuando dejamos de escucharnos, porque tenemos muchas cosas que atender primero. Cosas importantes. Y tu eres la última de esas cosas (si es que estás en la lista).

Es necesario y urgente que dejemos de hacernos esto. Que paremos este sistema que nos destruye lentamente, que dejemos de vivir para los demás y vivamos también para nosotras. La crisis de la salud de las mujeres es grave y está basada en el profundo y constante estrés emocional en el que vivimos.

Gracias querido Antonio por expresarlo tan terriblemente bien

 

¿Qué pasa con el estrés?

Nuestra respuesta al estrés es muy primitiva, desde que somos Sapiens no ha cambiado. Las mujeres de la prehistoria corrían para salvar su vida o para conseguir comida. El estrés era una respuesta asociada a la supervivencia. Hoy en día las mujeres corremos para llegar a todo lo que tenemos que hacer a lo largo de 24 horas (parecen muchas pero no) o para estar en forma. Pero nuestro cerebro inconsciente no lo procesa así. Para tu sistema nervioso estás dando la señal de alerta, estás corriendo, algo pasa. ¡Peligro! Es una respuesta automática que tu no puedes controlar.

Llevamos entre 195.000 y 300.000 años siendo como somos, siendo Sapiens, de los cuales solo los últimos 200 años son los que más cambios han supuesto para las mujeres y nuestra forma de estar en el mundo. No es nada en comparación con el tiempo que nuestro cuerpo lleva funcionando bajo el mismo programa. No pienses que nos vamos a adaptar a un estilo de vida frenético y nuevo en tan solo unas décadas. Y además ¿Quién quiere adaptarse a un sistema de vida frenético que no te permite cuidarte y disfrutar de tu tiempo?

Una mujer hoy, además de trabajar dentro y fuera de su hogar, suele ir al gimnasio o a correr, y si no lo hace se siente estresada y culpable por no poder/querer hacerlo. Una mujer hoy está constantemente enviando señales de estrés a su cerebro. Si esperas que tu cerebro se adapte a algo diferente de cómo está programmado desde hace +/- 200.000 años, espera sentada querida.

Haciendo malabares

Son muchas las mujeres que, para poder lidiar con todo, se apoyan en el café para poder empezar el día y en el vino o la cerveza para poder terminarlo. Sin saber que nuestro cuerpo ya está programado para hacer eso por sí mismo. Se llama ciclo circadiano. De hecho al entrar en ese círculo de cafeína y alcohol lo que están haciendo es impedir que su cuerpo haga su trabajo. Están agotando sus reservas naturales de energía, están desregulando su capacidad natural de conciliar el sueño, están poniendo su salud al límite.

¿Qué hace que esta mujer-malabarista viva siempre estresada? La adrenalina y la cafeína, lo que ayuda a crear más adrenalina. Y, por supuesto, su propia percepción de la presión a la que está sometida. Todo esto es un cóctel que hace que tengamos el cortisol (la hormona del estrés) por las nubes. Sientes que estás sobrepasada y que vas a reventar por alguna parte. Normal, estás muy estresada.

¿Qué pasa con el sistema nervioso de esas mujeres? Que está en constante zona roja, la zona de alarma, de corre y sálvate o muere. La zona del estrés. Tu cuerpo percibe peligro y reacciona poniéndote a tope: chutes de cortisol y adrenalina uno tras otro. Para responder a la situación de emergencia tu cuerpo deja de quemar grasas (de hecho las reserva) y solo quema azúcar, que es un combustible más rápido y fácil de conseguir.

Solo cuando estás en zona verde, la zona del relax, y se desactiva la alarma, tu cuerpo quema grasa y lo hace con facilidad. Por eso un efecto secundario del estrés son los antojos incontrolables de azúcar (el alcohol es otra forma de azúcar) y, por tanto, la obesidad y mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y Diabetes tipo 2 y otras enfermedades metabólicas.

El síndrome de la mujer estresada

Otro sistema que se ve profundamente afectado por el estrés es el de las hormonas sexuales. Especialmente la progesterona, que no solo influye en nuestra reproducción. Tiene un papel muy importante en otras funciones corporales. Es un potente ansiolítico y antidepresivo natural, controla las conexiones neuronales (sinapsis), es neuroprotectora y mejora las habilidades cognitivas como la memoria, el aprendizaje y cómo procesamos la información, entre otras cosas (un síntoma de que estás muy estresada es la mala memoria).

El problema es que la progesterona se fabrica de la misma hormona madre que el cortisol y la adrenalina, y estos dos tienen prioridad. Cuando tu cerebro entra en modo alarma prefiere segregar las hormonas del estrés porque te pueden salvar la vida (recuerda nuestro primitivo sistema de respuesta al estrés). La progesterona está ligada a la reproducción, por eso cuando estás estresada segregas menos, tener descendencia no es una prioridad cuando tu cerebro piensa que estás en peligro.

Esta situación se traduce en los dos desequilibrios hormonales más frecuentes hoy en día: la llamada “fatiga adrenal” (que en realidad es una desregulación del eje Hipotálamo-Pituitaria-Suprarrenales, donde se generan muchas de tus hormonas) y el estrógeno dominante (que necesariamente implica baja progesterona). Actualmente, estos son los dos problemas de la salud hormonal femenina más urgentes. Tenemos que ser conscientes de lo insostenible que es vivir así a largo plazo, sobretodo si pretendes tener buena salud. La genial Dra. Libby Weaver lo llama el “síndrome de la mujer estresada”.

¿Sabes qué? No necesitas vivir así. Recuerda lo que pone en los aviones, ponte la máscara de oxígeno a ti primero. Si tu no te cuidas mucho y bien, no podrás cuidar bien y mucho a los demás. Date oxígeno a tí primero. Cuidarse una misma no es egoísmo, es sentido común. Es maravilloso amar y cuidar de los demás, pero nunca a costa de tí misma.

¿Por qué lo hacemos?

¿Y por qué no nos paramos sin más y dejamos de estar estresadas y de hacer malabares para llegar a todo? Porque nos importa demasiado hacerlo bien. Porque no somos capaces de dejar de implicarnos. Porque estamos programadas para ser “buenas chicas”, para complacer y agradar, para poder con todo, para cuidar y hacernos cargo de lo que ocurre en el ámbito doméstico. Y sin pedir ayuda. Lo aprendimos de nuestras madres, ellas de las suyas y así hasta el origen del patriarcado.

De nuevo entra en escena la sensación de no estar a la altura, de no ser suficiente. Tenemos un nivel de autoexigencia heredado tan alto que no nos deja vivir. Es lo que mamamos: la casa tiene que estar siempre perfecta, limpia y recogida, la nevera siempre llena, la ropa limpia, tendida y planchada, los niños impolutos y bien desayunados, comidos, merendados y cenados, el fregadero vacío y la vajilla colocada en su sitio ¡y por tamaños! Y de todo eso la supervisora y responsable eres tú (y la lista es bastante más larga) ¡Socorro!

Cuando puedas siéntate un momento, respira hondo tres veces y párate a pensar cómo vives, qué comes, qué bebes, cómo duermes, cómo respiras, cómo piensas, cómo te percibes y percibes tu vida y tus responsabilidades, cómo te cuidas. ¿En serio quieres seguir viviendo así el resto de tu vida? En el momento en que cambies tu actitud hacia ti misma estás empezando a cambiar tu bioquímica y tu vida. Si consigues reconectar con tu cuerpo serás capaz de sanarlo y regalarte vida.

Viñeta de El Roto

Estamos en una fase de transición, aprendiendo a vivir en un mundo que va demasiado deprisa. Tenemos que repensar cómo queremos vivir en este mundo. Pero no solo las mujeres. Parte de la solución del problema del estrés crónico de las mujeres pasa porque sus parejas se hagan cargo de la parte que les toca en el ámbito doméstico. Tengas hijas e hijos o no. Convivir es compartir, las responsabilidades también. La otra parte pasa porque, como sociedad, exijamos mejoras en CONCILIACIÓN y en IGUALDAD. Políticas reales y efectivas, no papel mojado.

Recuerda que la vida es preciosa, que tú eres preciosa. Cada una de nosotras somos un milagro único de la naturaleza y merecemos honrar y cuidar de la maravilla que somos. Cuídate mucho.

 

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4 commentarios

  1. Dácil
    26 febrero, 2018

    Tienes toda la razón Ali, estamos tan ensimismadas en todo lo que tenemos que hacer, que no nos paramos a pensar en nosotras mismas. Yo voy a tomarme unos minutos en respirar y conectar conmigo misma cada día, para empezar… a ver qué tal

    Responder
    1. Ali
      13 marzo, 2018

      Seguro que te sentará genial Dácil, la respiración es la gran olvidada, menos mal que no necesitamos pensar en ella para que funcione, que si no… 😉

      Responder
  2. swadraws
    19 marzo, 2018

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    1. Ali
      19 marzo, 2018

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      Responder

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